En una mañana de domingo, un grupo de personas en el pueblo Nuevitas, Camaguey, salen al parque con radios, microfónos, hablan en código. Para aquellos que disfrutan la radio solo como un medio de comunicación, no podrán entender la pasión que sienten estos radioaficionados camagueyanos, al tener nombres en claves, teclear el código Morse.

Grandes nombres de la ciencia ocupan un lugar en la historia de la Radiodifusión: Nikolas Tesla, Alexander Popov, James Clerk Maxwell, entre otros. A todos ellos homenajea la película cubana Sergio y Serguéi, pero especialmente a los especialistas cubanos.

Sergio es un radioaficionado que busca la comunicación, ya sea a través de las ondas, o de los diferentes idiomas que domina. En su carácter dialogante, comprensivo e insistente, se representa un poco de la historia de la radiodifusión en Cuba.

De la Sociedad a la Federación.

Fue en 1912, desde Sancti Spritus, donde el ingeniero estadounidense Frank H. Jones, operó por primera vez un transmisor de chispas de 2 kW, con una antena Marconi de seis alambres, de sesenta metros de largo entre cada aislador.

Años después, el 27 de marzo de 1923 se crea la Sociedad Cubana de Radio. Esta organización y otras similares intentaron promover el uso de la radio en la Isla.

Pero no es hasta el 15 de julio de 1966, por medio de la Ley 1198, que se constituye la Federación de Radioaficionados de Cuba (FRC), y a ella se le propone integrar a todos los colectivos de radioaficionados existentes en el país. En febrero de 1967 se constituye su dirección nacional, luego del proceso de integración auspiciado por el Ministerio de Comunicaciones.

Desde ese momento hasta la actualidad, son muchas las historias que han protagonizado hombres y mujeres, quienes buscan  a través de las frecuencias y ondas, mantener la comuncación entre sus congéneres. En la actualidad más del 98% de los radioaficionados cubanos son miembros de la FRC.

En estos últimos meses, debido al azote del huracán Irma a Cuba, los radioaficionados han ocupado páginas de periódicos e historia increíbles. José Rosabal Pérez, a quien se le conoce en la lista de radioaficionados por “Charlie Mike Ocho Juliet Papa Romeo (CM8JPR)”, es uno de los ejemplos más recientes. Su historia fue publicada en el periódico Juventud Rebelde y una frase salta a la vista: “Solo fui solidario. Cuando de solidaridad se trata, hablar de altruismo es egoísta.”

La actitud de Rosabal la explica al diario Granma Carlos Alberto Santamaría González (CO2JC), el coordinador de la Estación de Emergencia de Radioaficionados del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, y el Coordinador de la Red de Emergencia Nacional de la Federación de Radioaficionados de Cuba: “Formamos una red a lo largo del país que trabaja muy unida y sin reparar en riesgos para garantizar el tráfico de informaciones desde y hacia las zonas más afectadas por un huracán, eventos de lluvias intensas, sismos y otros tipos de contingencias”.

Pero no solo de temporadas ciclónicas viven los radioaficinados en Cuba. Recientemente, en su página de Facebook, la  FRC anunciaba que Douglas Ruz (CO8DM), un miembro del GDXC (Grupo de DX de Cuba) y de LTCC (Las Tunas Contest Crew), se fue hasta Finlandia y desde allí estuvo activo durante el RSGB IOTA Contest, operando la conocida Súper-Estación de Concurso OH0X, ubicada en Brändö, donde computó sobre los doce millones de puntos.

Entre concursos y emergencias, llegan en este año los radioaficionados cubanos a la película de Ernesto Daranas. En un filme y en un personaje, por supuesto, en quien no caben todas las increibles historias que estos seres humanos han vivido, pero sí se resalta su amor por la comunicación, su veneración por el lenguaje; y el desarrollo científico que ha impulsado al hombre un paso más allá de la Tierra.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

diecinueve − siete =