El cine cubano tiene sus películas y sus carteles. Ambas manifestaciones artísticas conforman el imaginario de una nación. Según Raúl Valdés (Raupa), el cartel serigráfico cubano ha devenido en tradición. Para este diseñador, pensar la variante serigráfica del cartel del filme Sergio y Serguéi fue otra aventura, como la película misma.

 

¿Qué conceptos principales manejaste con esta obra?      

Bueno, después de dos o tres ideas, esta fue la que más me convenció. La idea de que una bicicleta sea la encargada de propulsar un cohete ruso me hizo reír primero, pero después de acordarme que yo también tenía una, que pesaba un montón —pues mi mamá no alcanzó a “una 26” de mujer, y le dieron “una 28” de hombre a principios de los años noventa. Me gustó el concepto, pues en aquel momento cargábamos con todo el peso de lo que ya no tuvimos más, pero la bicicleta siguió avanzando y propulsando.

También para mí es un punto de comparación entre la magnitud de la URSS (un cohete que vuela al espacio) y el tamaño de una bicicleta. El empuje de un cubano común levanta el cohete al espacio, después de aquellos tiempos donde todos quisimos ser cosmonautas.

 

Se puede hablar del cartel serigráfico como obra de arte. ¿Cómo lo ves tú y que significa para ti?

Siempre recuerdo un documental, creo que de Rapi Diego, donde esta señora emocionada, refiriéndose a los carteles del ICAIC colgados en la sala de su casa, dice: “¡No, si son de lo más bonitos, tienen muchos colores!”. Y no puedo evitar pensar que las tiradas de carteles en serigrafía por aquellos años eran grandes. Los diseñadores e ilustradores tenían que crear uno o dos carteles al día. Siendo así, habían copias suficientes para poner en las calles y para colgar en las casas. Hoy las tiradas son escasas y cortas, cincuenta ejemplares por lo general. Ya no hay muchos carteles para poner en las calles, por eso se cuelgan en las galerías.

 

¿Dos carteles: una misma idea?

Que existan dos tipos de carteles responde a una necesidad de comunicar en dos sentidos. Por una parte el cartel de imprenta (off set) se utiliza para una comunicación más directa con el público en general, y en diferentes festivales donde es imprescindible. El cartel en serigrafía es la persistencia de una tradición. Siempre me gusta disfrutarlo como otra aventura que emprendes, al igual que viendo la película de la que trata.

 

Con este cartel apelas a símbolos muy personales dentro de la historia del filme, ¿podríamos hablar de comunicación por niveles, dependiendo de si los espectadores vieron o no el filme?

La mayoría de las veces pienso que las personas ven primero el cartel. Este en particular te habla de un imposible (un cohete no puede ser propulsado por una bicicleta), es un hecho. Pero creo que la persona que lo vea pensará “eso no puede ser”, pero si fuera, sería una carga demasiado grande para el que da a los pedales. Es una inconsistencia donde la fantasía es la protagonista, y por eso le apuesto más a este tipo de lenguaje, que te mueve y a la vez emite un sentimiento.

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